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Axis Horizonte Industrial - Joan Groizard

Joan Groizard: «La transición energética es un catalizador de industria»

Entrevista

Fotografía: Patricia J. Garciñuño

Joan Groizard (Palma, 1989) mide los tiempos con precisión de ingeniero y traduce el lenguaje técnico con la naturalidad de quien sabe comunicar. No es casualidad que se desenvuelva en la política. En esta conversación, el secretario de Estado de Energía defiende que la transición energética no puede leerse solo en clave climática: es, y siempre fue, una cuestión de autonomía estratégica, competitividad industrial y oportunidad de país.

España ha evolucionado con rapidez en el despliegue de las energías renovables en los últimos años. ¿Cuáles son hoy los principales retos para consolidar ese avance?

España ha pasado de estar entre los países con la electricidad más cara de la Unión Europea a situarse por debajo de la media europea en factura eléctrica. Si nos fijamos en lo que pagan las industrias y los consumidores no residenciales, España se encuentra en los puestos 20, 22 o incluso 24 de 27 Estados miembros, siendo el número uno el país más caro y el 27 el más barato. Es decir, estamos a la cola en precios de electricidad, y eso ya se está traduciendo en atractivo para empresas que buscan energía limpia y competitiva. Pero no podemos quedarnos parados. Los siguientes pasos son fundamentales. Por una parte, electrificar todo lo electrificable; hacer extensiva al conjunto de la economía esa “póliza de seguro” que están suponiendo las renovables en el sector eléctrico. Eso implica que las industrias que consumen gas natural, diésel o fuel pasen cuanto antes a la electrificación; que los hogares susceptibles de climatizarse con bomba de calor o con alternativas eléctricas lo hagan, y lo mismo con el transporte. Por otra parte, necesitamos almacenamiento y flexibilidad para lograr un aprovechamiento renovable 24/7.

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Hablamos de transición energética en clave climática, pero el contexto exige hablar de transición energética en clave de autonomía estratégica. ¿Hasta qué punto puede la política energética reforzar la capacidad de España para reducir vulnerabilidades exteriores y ganar margen de maniobra en un contexto internacional incierto, marcado por crisis geopolíticas como la guerra en Ucrania o las tensiones en el estrecho de Ormuz?

Para nosotros, una cosa es inseparable de la otra. El primer Plan Nacional Integrado de Energía y Clima, publicado en 2020, ya planteaba la reducción de la dependencia energética exterior como uno de sus principales objetivos. Nunca fue solamente un plan climático: fue un plan de autonomía estratégica, de seguridad de suministro, de generación de empleo, de justicia social y de lucha contra el cambio climático.

El actual PNIEC prevé llegar al 50% de independencia energética al final de la década y fija como meta que las renovables supongan el 81% del mix eléctrico para 2030 (ya hemos alcanzado el 50%). Los combustibles fósiles ya han pasado de marcar el coste de la electricidad un 75% del tiempo en 2018 a hacerlo ahora solo un 15%. Eso significa que, cuando se toma una decisión en Moscú, en Teherán o al otro lado del Atlántico que afecta a los precios del gas o de los hidrocarburos, estamos más protegidos. Reduce nuestra vulnerabilidad frente a volatilidades exteriores, da más seguridad a las industrias que quieren venir o continuar en España y refuerza la posición del país en la escena internacional. Queda mucho trabajo por delante, pero el camino recorrido nos ayuda a ser más libres energética y geopolíticamente.

«Algunos proyectos renovables no han contado con el territorio. Las buenas prácticas, en ciertos casos, aún son la excepción»

¿España está en condiciones de convertirse en un actor energético más relevante en Europa?

España es una de las grandes economías de la Unión Europea y uno de los países más europeístas del continente. Ese potencial nos permite contribuir de dos formas. Por una parte, si reforzamos la interconexión con el resto de Europa, tanto en electricidad como en hidrógeno, será positivo para todos: compartiremos energía limpia y competitiva con el continente. Seguimos trabajando con Francia para reforzar las interconexiones, hemos firmado un memorando de entendimiento con Irlanda para estudiar la viabilidad de una posible interconexión submarina, y está la interconexión H2Med, que permitirá que el hidrógeno verde competitivo de la Península Ibérica llegue al centro de Europa. Por otra parte, España ya es un lugar con energía limpia y competitiva, lo que puede significar no solo que exportemos electrones y moléculas, sino que importemos industria.

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Tras el apagón, ¿qué enseñanzas conviene incorporar para reforzar la confianza en el sistema eléctrico y garantizar que la transición avance de manera estable y segura, acompasando velocidad y solidez?

Del apagón sacamos dos grandes lecciones. La primera es la importancia de reforzar el control, la supervisión, la observabilidad y la transparencia en el sistema eléctrico. No basta con que todo el mundo haga lo que tiene que hacer; debe hacerlo en el momento adecuado y de forma coordinada con el resto de agentes. La segunda lección es muy relevante. Una de las principales conclusiones del informe del comité de expertos europeo no fue una recomendación para España, sino para el propio ámbito energético europeo: existe una nueva forma en la que los sistemas eléctricos pueden fallar, para la que no había procedimientos ni mecanismos cortafuegos diseñados. Los expertos reconocieron que esto era imprevisto e imprevisible, y que hay cosas que no sabíamos que no sabíamos. Hemos reforzado elementos relacionados con el almacenamiento y la flexibilidad del sistema, incorporado compensadores síncronos y lanzado propuestas regulatorias en la frontera de lo que se está haciendo internacionalmente. Estamos teniendo debates que en otras partes de Europa ni siquiera se han abierto y avanzando en normativa por delante de otros países.

«Renovables sí, pero no así». La reivindicación también la entonan movimientos ecologistas, que se oponen a la implantación de grandes plantas solares o eólicas en entornos naturales, lejos de percibirlo como una oportunidad para el territorio. ¿En qué se está fallando?

Ha habido experiencias de proyectos que no han contado adecuadamente con el territorio. Las buenas prácticas existen, pero en algunos casos siguen siendo la excepción. Nuestro objetivo es que pasen a ser lo habitual, lo general y lo responsable, no solo desde la voluntariedad de los promotores, sino también desde la normativa. Hemos consagrado en la Ley del Sector Eléctrico que entre las obligaciones de los promotores de renovables está generar retornos positivos para el entorno donde se ubican los proyectos. No es una recomendación: es un mandato legal. Y los proyectos que lo hagan mejor, que sean más participativos a nivel local, que generen beneficios energéticos o empleo, y excelentes desde el punto de vista ambiental, serán los que se tramiten primero y los que se prioricen para conectarse a la red.

¿Cómo puede España aprovechar su potencial renovable para atraer inversión, reforzar las cadenas de valor y favorecer una nueva etapa de reindustrialización?

La transición energética va ligada a la industria por dos vías. Por una parte, al generar energía competitiva y previsibilidad de competitividad, se retiene la industria existente y se atrae nueva industria. Por otra, estamos generando un mercado. El Plan Auto, donde el propio sector de la automoción firma que su futuro pasa por la electrificación, es un buen ejemplo. Lo mismo ocurre con la cadena de valor eólica: España, junto con Dinamarca y Alemania, es uno de los países punteros en fabricación de componentes. La transición energética es, en sí misma, un catalizador de industria.

«La política climática es una responsabilidad moral y la mayor oportunidad que ha tenido España en décadas»

¿Qué condiciones son necesarias para que la electrificación avance sin comprometer la competitividad empresarial?

No se entiende la transición sin competitividad. Si una industria deja de ser competitiva y deslocaliza su actividad, seguirá emitiendo en otro lugar: la atmósfera es la misma. Sin competitividad no conseguiremos descarbonizar; solo perderemos industria sin reducir emisiones. Pero a la vez, sin descarbonización no hay competitividad. España y Europa no son ricas en combustibles fósiles; si nuestra industria se basa en ellos, siempre habrá alguien que lo tenga más fácil y más barato. Si apostamos por una electrificación basada en energías renovables autóctonas y competitivas, esa es la auténtica forma de mantener la competitividad.

La eficiencia energética también es clave. El sistema de Certificados de Ahorro Energético está funcionando muy bien en la industria: retribuye a las empresas por generar ahorros, con un doble beneficio: la monetización del ahorro y la reducción de los costes operativos.

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En una transformación de esta magnitud, el consenso parece especialmente importante. ¿Existe en España una base suficiente de acuerdo entre administraciones, empresas y agentes sociales para sostener una agenda energética continuada a medio y largo plazo?

En el plano técnico y de gestión hay un enorme consenso entre administraciones de distintos colores políticos, el sector empresarial y el ámbito sindical: la transición energética no está reñida con la competitividad, sino que es una palanca necesaria para ella. Patronales y sindicatos son muchas veces quienes nos piden más ambición, porque entienden que estar bien posicionados como país es lo que posiciona bien a la industria.

Por desgracia, a nivel de discurso político se sigue jugando a generar conflicto con la política climática. Si escuchamos a las empresas, a los sindicatos, a los expertos e incluso a los propios votantes, nos daremos cuenta de que estamos mucho más cerca de lo que creemos. Yo voy a defender que la política climática no solo es una responsabilidad moral, sino también la mayor oportunidad de país que ha tenido España posiblemente en décadas.

¿Qué debería distinguir al modelo energético español en la próxima década?

Me gustaría que los españoles, de todos los colores y en todas las partes del territorio, entendiéramos que estar a la vanguardia de la transición energética es tan español, tan Marca España o más que otras cosas de las que nos sentimos muy orgullosos. Porque eso será la principal garantía de que este proceso pueda seguir adelante. En lo técnico, se trata de dar el siguiente paso: extender al resto de la economía lo que hemos conseguido para el sistema eléctrico. Electrificación de la movilidad, de la climatización y de la industria. Pasar de la descarbonización del sistema eléctrico a la electrificación del conjunto de la economía.

Perfil

Joan Groizard llegó a la Secretaría de Estado de Energía tras una trayectoria estrechamente vinculada al despliegue renovable, la transición ecológica y la planificación energética. Ingeniero en Energía y Medio Ambiente por la Universidad de Cambridge, fue director general del IDAE desde 2019, donde coordinó buena parte de las líneas de ayuda del PRTR y del PERTE de Energías Renovables, Hidrógeno Renovable y Almacenamiento. Antes había ocupado responsabilidades en el Govern de les Illes Balears y en el propio IDAE, participando en el diseño de políticas climáticas, autoconsumo, comunidades energéticas y planificación renovable.