España, Europa y la nueva arquitectura del poder global
EntrevistaFotografía: Patricia J. Garciñuño
El mundo que permitió a Europa crecer bajo la promesa de apertura y estabilidad de los mercados empieza a desdibujarse. En este nuevo ciclo político, la energía, la industria y la autonomía estratégica están más conectadas que nunca: ya en ellas se juega la posición geopolítica española y europea. Los expertos Gonzalo Escribano y Sofía Martínez abordan estas cuestiones esenciales para el presente y el futuro de la política industrial.
Geopolítica y energía europea en un nuevo orden mundial
En un nuevo escenario internacional marcado por la incertidumbre, la rivalidad geopolítica, la competencia económica y la fragilidad de las alianzas tradicionales, ¿en qué situación queda Europa? ¿Cómo puede redefinir su posición global y convertir la política energética en una palanca de autonomía y poder industrial?
GONZALO: Es difícil hacer proyecciones, pero, si hay alguna certeza, es que vamos hacia una situación de mayor rivalidad estratégica y geopolítica. Lo que estamos viendo en Estados Unidos no responde solo a una administración concreta: hay elementos estructurales, como la competencia con China, que vienen de atrás. Creo que vamos a tener un contexto internacional más hostil que el de las últimas décadas, con choques políticos más frecuentes. Antes teníamos una gran crisis cada diez o quince años; ahora, cada dos o tres. A su vez, asistimos a una reasignación de áreas de influencia: China está más centrada en Asia, Rusia en Asia Central y Estados Unidos en el hemisferio occidental, aunque mantiene su proyección global. Eso pone a la Unión Europea en una situación difícil, porque el mundo en el que vivíamos permitía tener cierto multialineamiento, pero eso va a ser cada vez más difícil de sostener.
SOFÍA: Es evidente que, en los últimos años, Europa ha ido reaccionando a golpe de crisis. Tanto con la de 2008 como con la de Ucrania o la covid, la dimensión de la sostenibilidad, o lo verde, han pasado a un segundo plano. La política climática y la energética están cada vez más unidas, y ahora también a la política industrial. Eso demuestra que son también cuestiones geopolíticas y que son hoy, además, herramientas de resiliencia y seguridad.
GONZALO: La Unión Europea no está pensada para competir estratégicamente ni para desarrollar ámbitos como la defensa, que van a ser crecientemente importantes y que puede influir en nuestras relaciones con otros actores, como China. Tampoco está pensada para reducir riesgos frente a quien ha sido nuestro gran aliado, Estados Unidos. Ahora, los vemos cada vez más como una amenaza y menos como un socio, y eso nos obliga a tomar medidas en política industrial y comercial. En un mundo en el que todos juegan con aranceles, subsidios y presión económica, vamos a tener que tomar decisiones a las que no estamos acostumbrados y con las que quizá no nos sentimos cómodos. Y la política industrial va a ser uno de esos instrumentos.
«No todas las dependencias son iguales. El gas o el petróleo generan más vulnerabilidad que importar tecnologías que permanecen instaladas durante décadas» (Gonzalo Escribano)
¿Autonomía real o nuevas dependencias?
Cuando hablamos de autonomía estratégica, tanto en Europa como en España, afloran las dependencias para producir tecnologías, componentes y materiales esenciales. ¿La transición energética permitirá transformar esas vulnerabilidades y dependencias en capacidades industriales y tecnológicas propias?
GONZALO: Hasta hace unos años pensábamos que daba igual de dónde vinieran nuestras importaciones, petróleo o minerales estratégicos, porque vivíamos en un mundo liberal y relativamente estable. Ahora eso ya no funciona.
SOFÍA: Esas dependencias son una parte fundamental del problema, ya que también llevan consigo la oposición en los territorios que se necesitan para el desarrollo industrial. También creo que en Europa a veces nos sentimos menos fuertes de lo que somos. En regulación, por ejemplo, tenemos capacidad. Es cierto que una de las grandes quejas frente a Estados Unidos es que nuestra energía es más cara, pero también se ha demostrado que, si apuestas por las renovables, el precio se reduce, como ha pasado en España y Portugal.
Quizá uno de los principales problemas ahora mismo en Europa es la fragmentación del mercado y cómo eso influye en, por ejemplo, la innovación. En política energética esto se ve muy claro con las interconexiones: España tiene un problema enorme y Francia ha bloqueado durante años avances fundamentales. Eso refleja una gran debilidad del mercado único: nos sentimos muy europeos, pero al mismo tiempo seguimos siendo muy locales. Sin una visión más amplia, la política energética europea tiene un límite evidente, y eso conlleva una dimensión climática que no puede olvidarse. Por eso Europa necesita unirse más, con propuestas que vengan de distintos colores políticos e ideologías, porque sin propuestas no se avanza.
GONZALO: También conviene recordar que no todas las dependencias son iguales y que no todas generan el mismo nivel de vulnerabilidad. Cuando dependes del gas, del petróleo o del carbón, dependes cada día porque tienes que importar de manera constante. En cambio, cuando importas una placa solar, una batería o una determinada cantidad de tierras raras, las incorporas a una turbina eólica o a un coche eléctrico y eso permanece ahí durante 25 años o más. Esa es una de las grandes ventajas de las energías renovables: son tecnologías con una inversión inicial elevada, pero, una vez instaladas, ya no dependes de si sube el petróleo o de si hay una crisis geopolítica en un país productor.
Y hay una segunda cuestión: en el caso de las tecnologías renovables, la autonomía estratégica se puede construir. Un país no puede sacar petróleo de donde no lo hay, pero sí puede desarrollar capacidades industriales, tecnológicas y humanas para fabricar determinadas tecnologías. La Unión Europea las tiene y puede competir. Ver quién tiene el petróleo o el gas más barato no es nuestra carrera, lo es construir ventajas donde sí podemos ser fuertes. Y lo mismo ocurre en lo industrial: no se trata de ser independientes de todo, sino de construir una interdependencia sana y bien gestionada. Por eso, más que hablar solo de nearshoring o friendshoring, yo defiendo la idea del greenshoring: localizar allí donde la matriz energética es más limpia. Eso da más estabilidad a largo plazo, favorece el clima y mejora la competitividad.
SOFÍA: Además, muchas de esas tecnologías renovables tienen un potencial de reciclaje muy relevante. Importas materiales, sí, pero luego puedes recuperarlos. Y eso también forma parte de la autonomía estratégica. El Plan de Recuperación y los fondos Next Generation han demostrado que España puede hacerlo bien. Hay tecnología china que quiere invertir en España, por ejemplo, en baterías, y eso no ocurre por casualidad. China aprendió en parte de Europa y ahora Europa también tiene cosas que aprender de China, de India o de Brasil. No pasa nada por reconocerlo. La cuestión es hacerlo con pragmatismo.
GONZALO: Necesitamos más pragmatismo y menos ideología. Pero pragmatismo no significa ingenuidad. China no va a venir a transferir tecnología por voluntad propia si nosotros no ponemos condiciones, igual que ellos nos las pusieron a nosotros. Aquí también hay que exigir empleo local, capacidad industrial y creación de tejido productivo. Ya no podemos jugar con las reglas anteriores, pero negarse en bloque a esas inversiones no tiene sentido. España lo está haciendo razonablemente bien, sin llegar al entreguismo de otros países.
«Nos sentimos muy europeos, pero seguimos siendo muy locales. Sin una visión más amplia, la política energética europea tiene un límite evidente» (Sofía Martínez)
España ante su gran oportunidad: ahora o nunca
España llega a este nuevo ciclo con activos importantes: una posición renovable diferencial, costes eléctricos competitivos, capacidad de conexión con el resto de países y un mayor protagonismo institucional en Europa. ¿Qué debemos hacer como país para redefinir nuestro liderazgo y hacer que la transformación sea algo real?
SOFÍA: España puede ser un actor mucho más relevante dentro del nuevo mapa energético europeo. Tiene una posición buena como proveedor de competitividad, puede ser una plataforma de conexión si se mejoran las interconexiones y, además, en este momento, tiene una presencia institucional importante en Europa. Nuestro papel en los consejos, el liderazgo que ha ejercido en algunos debates y la presencia de figuras españolas en puestos clave muestran que estamos en un momento distinto.
GONZALO: De hecho, yo creo que es ahora o nunca. España tiene delante una oportunidad de esas que pasan una vez en mucho tiempo. Tenemos los precios mayoristas de electricidad más bajos de la península ibérica y de Europa, una enorme ventaja, y se han tomado medidas acertadas, como limpiar la tarifa para favorecer la electrificación o bajar impuestos para lo que ayude a electrificar, que es una de las cosas que debemos promover. Si Europa tiene objetivos para casi todo, debería tener también un objetivo claro de electrificación y trabajar más en almacenamiento, baterías, bombeo y flexibilidad. No podemos tener tantos vertidos de energía renovable ni precios negativos cuando hay mucho sol o mucho viento. España tiene que mejorar también en interconexiones, almacenamiento, red, vehículo eléctrico e infraestructuras de recarga. Hacen falta ayudas bien orientadas.
SOFÍA: Y, en ese aspecto, no podemos olvidar la eficiencia energética, que a veces queda en segundo plano porque es una inversión menos vistosa, pero es fundamental en eficiencia en redes, recursos, consumo de agua… Podríamos posicionarnos muy bien ahí. Es cierto que el apagón de hace un año puso en cuestión algunas cosas, pero eso no significa que las renovables sean las culpables, sino que hay margen de mejora en red, distribución y gestión del sistema. Y eso hay que decirlo con claridad.
Europa tiene instrumentos, informes y diagnósticos sólidos. Ahora lo que hace falta es usar mejor ese marco financiero, hacerlo más ágil y acercar más la investigación a la política. Necesitamos menos repetición de estudios y más capacidad de llevar ese conocimiento a la realidad con más escucha, más datos, más coordinación.
GONZALO: España puede ser muy competitiva y, al mismo tiempo, contribuir a la descarbonización europea. Hay financiación e inversión, pero también hay límites. No todas las grandes industrias se van a relocalizar aquí solo por tener energía más barata. Algunas no lo harán. Pero otras sí, o al menos parte de sus cadenas de valor, y eso ya está ocurriendo. Esta transición exige una mutación profunda del sistema económico y energético y no tenemos un plan perfecto para hacerlo, pero deberíamos intentar equivocarnos lo menos posible. Si queremos competir de verdad, la solución pasa por poner medios para que fluya mejor y avanzar hacia una unión más profunda: de capitales, de energía y, en último término, política. Tenemos que superar la polarización. No se trata de izquierda o derecha. Se trata de tecnologías competitivas o no, de gestionarlas bien o mal.
Gonzalo Escribano
Catedrático de Política Económica en la UNED e investigador principal y director del Programa Energía y Clima del Real Instituto Elcano, donde estudia la dimensión exterior de la política energética española y europea. Es doctor en Ciencias Económicas y Empresariales e imparte habitualmente docencia de posgrado en diversas universidades acerca de la geopolítica de la energía. Además, entre otras instituciones, ha sido investigador visitante en Florida State University y en la Universidad Autónoma de Madrid y el CIEMAT.
Sofía Martínez
Especialista en energía, cambio climático y finanzas sostenibles. Actualmente es mánager de relaciones internacionales en el IDAE y senior fellow de la Green European Foundation, donde participa como experta en la dimensión exterior del Pacto Verde Europeo y en cadenas de valor. Ha trabajado en la Comisión Europea (DG INTPA), la Oficina Española de Cambio Climático, en el sector privado y también como experta para Naciones Unidas.