
Industria para hacer país: cohesión, oportunidad y futuro
TribunaPor Jaime David Peris Pascual, comisionado especial para la Reindustrialización del Ministerio de Industria y Turismo.
«Europa y España deben ser capaces de producir, innovar y decidir con mayor independencia»
Durante demasiado tiempo, la industria en España fue vista como un legado del pasado o como un sector condenado a reducirse. Las décadas de desindustrialización dejaron cicatrices profundas en territorios y generaciones enteras. Pero también dejaron una lección clara: no hay proyecto de país sólido sin una base industrial fuerte.
Hoy, en un contexto de transformaciones tecnológicas, tensiones geopolíticas y transición ecológica, la industria vuelve a ocupar el lugar que nunca debió perder. No solo como motor económico, sino como una verdadera palanca para construir país. Porque la industria no es única mente producción: es empleo de calidad, es innovación, es cohesión territorial y es soberanía.
La experiencia reciente demuestra que, cuando la colaboración público-privada funciona, los resultados llegan. La apuesta por la formación profesional, la inversión en I+D+i o el impulso a sectores estratégicos están contribuyendo a un cambio de modelo productivo más sólido, más resiliente y más competitivo. Frente a viejos enfoques basados en la devaluación salarial, hoy la competitividad se construye desde el talento, la tecnología y el valor añadido.
Además, la industria desempeña un papel central en la doble transición que define nuestro tiempo. Por un lado, la transición ecológica, donde la descarbonización abre nuevas oportunidades industriales vinculadas a las energías limpias o la electrificación; por otro, la transición digital, que está redefiniendo procesos productivos, cadenas de valor y modelos de negocio.
Pero hay un tercer elemento igual de relevante: la autonomía estratégica. En un mundo cada vez más incierto, reforzar las capacidades industriales pro pias no es una opción, sino una necesidad. Europa y España deben ser capaces de producir, innovar y decidir con mayor independencia, sin renunciar a la apertura ni al comercio global.
Hablar de industria es, en definitiva, hablar de futuro. De la capacidad de generar oportunidades para las próximas generaciones, de equilibrar el desarrollo territorial y de sostener un modelo social avanzado. Es también una cuestión de identidad: del orgullo de fabricar, de innovar y de hacerlo bien. España tiene hoy la oportunidad de culminar un proceso de reindustrialización que no solo recupere lo perdido, sino que construya algo mejor. Más sostenible, más inclusivo y más competitivo. Aprovechar esa oportunidad exige ambición, continuidad y visión de país.
Porque, al final, la industria no es solo un sector. Es una forma de entender el progreso. Porque, en última instancia, reindustrializar es eso: hacer país.