AXIS Horizonte Industrial

Una gran industria para construir un gran futuro.

Axis Horizonte Industrial - Soldador acero

Presente industrial made in Spain

Reportaje

Hubo un tiempo en el que fabricar en España sonaba a anacronismo, pero hoy algo se mueve en sentido contrario. Para hablar de reindustrialización y emprendimiento no tenemos que irnos a Shenzhen o a Silicon Valley: desde un polígono en Zaragoza, una oficina técnica en Vitoria o un laboratorio a las afueras de Barcelona, hay personas imaginando y fabricando el mundo que viene. Estos son seis de sus proyectos.

Para que el viento no amaine

Lydia Arto. Ingeniera de turbinas eólicas de Nabla Wind Hub (Vitoria- Gasteiz)

Lydia Arto. Ingeniera de turbinas eólicas de Nabla Wind Hub (Vitoria- Gasteiz)

Normalmente, los aerogeneradores se diseñan para durar veinte o veinticinco años. Pero eso no significa que, pasado ese tiempo, haya que retirarlos. Lydia Arto trabaja con ese margen: el espacio técnico entre el fin de la vida certificada y el final de la vida real.

Esta ingeniera mecánica, especializada en extensión de vida útil de turbinas eólicas, comenzó como becaria en Nabla Wind Hub, en Vitoria-Gasteiz, y ha desarrollado allí su carrera. Su trabajo consiste en monitorizar parques eólicos en operación, analizar las condiciones de viento, evaluar el desgaste de los componentes y estimar cuánto tiempo más pueden seguir funcionando con seguridad. Gracias a sus análisis, las turbinas pueden llegar a duplicar su vida útil y, con ello, se genera un triple impacto a nivel ambiental (se genera energía limpia durante más tiempo), económico (se evitan los costes del desmantelamiento y la repotenciación) e industrial, ya que se refuerza la competitividad del sector renovable.

El caso de Lydia, que fue una de las pocas mujeres graduadas en su promoción, ejemplifica un reto pendiente en la transición energética: la formación de los perfiles profesionales de quienes están llamados a liderarla. La extensión de la vida útil de las turbinas cobra cada vez más relevancia dado que muchos parques instalados en la década de los 2000 pueden seguir hoy operando sin ser desmantelados, pero necesitan unos análisis del emplazamiento que lo confirmen. «Creo que el futuro industrial en España es positivo, especialmente en energías renovables. Las inversiones en eólica y solar siguen creciendo en Europa, y España se posiciona como uno de los países con mayor potencial», opina.

Bajo el sol de Zaragoza

Alejo del Amo. Fundador y CEO de Ábora Solar (La Muela, Zaragoza)

Alejo del Amo. Fundador y CEO de Ábora Solar (La Muela, Zaragoza)

Desde que era estudiante de ingeniería, Alejo del Amo sabía que la energía renovable y el agua marcarían su carrera. Su inquietud le llevó a estudiar en Austria, donde investigó tecnologías de aprovechamiento solar. Al terminar el doctorado, volvió a su Zaragoza natal decidido a producir electricidad y agua caliente en un mismo panel.

Tras años de pruebas, concursos y búsqueda de inversión, en 2015 fundó Ábora Solar, una startup que ha logrado desarrollar una tecnología que combina energía térmica y fotovoltaica en una sola superficie, aumentando el aprovechamiento energético. Aunque el camino no fue fácil, hoy se ha convertido en un referente europeo en la fabricación de paneles solares híbridos, con presencia en 35 países.

La planta de Ábora Solar en el polígono Malpica tiene capacidad para fabricar 200.000 paneles al año y se ha convertido en una firme apuesta tecnológica e industrial española: todo el diseño, desarrollo y fabricación se realiza en La Muela (Zaragoza), demostrando que es posible innovar y producir desde el territorio.

Del Amo, por su parte, ha sido reconocido como uno de los 100 españoles más creativos por la lista Forbes y tiene clara su visión de la industria española. «La transición energética es uno de los retos más complejos y ambiciosos que enfrentamos como sociedad, y solo será posible si logramos un mix que maximice el uso de energías renovables. España tiene una posición ventajosa por sus recursos naturales de sol, viento y agua, y aprovecharlos nos dará una gran ventaja competitiva: a mayor uso de renovables, menor coste energético».

La robótica que aprende del desorden

Carla Gómez Cano. Cofundadora de THEKER Robotics (Barcelona)

Carla Gómez Cano. Cofundadora de THEKER Robotics (Barcelona)

La robótica industrial funcionó durante décadas en entornos muy concretos, allí donde hubiera espacios controlados, tareas repetitivas y condiciones predeci­bles. El problema es que la mayor parte de la industria actual no se parece a eso: en un almacén de distribución, una planta de resi­duos o una línea de fabricación, el desorden es la norma.

Para romper los límites de la ro­bótica tradicional, Carla Gómez Cano, ingeniera por la Universidad Politécnica de Cataluña, cofundó THEKER Robotics en Barcelona en 2022 junto al ingeniero Jiaqiang Ye Zhu. ¿Su objetivo? Crear robots que no necesiten que el mundo sea predecible para funcionar. Lo con­siguieron: su tecnología permite operar sin reprogramación en en­tornos cambiantes, gracias a siste­mas de visión y control basados en deep learning. Su modelo de robo­tics-as-a-service hace que la auto­matización avanzada sea accesible sin grandes inversiones iniciales. «La robótica está redefiniendo la industria global, y España tiene el talento para liderar ese cambio. Para avanzar, es clave impulsar la adopción tecnológica, apoyar el ecosistema deeptech y apostar por el talento», explica Gómez Cano, que en 2024 fue reconocida como mejor emprendedora de Cataluña por la EAE Business School.

El año pasado, THEKER logró levantar la mayor ronda semilla de la historia empresarial espa­ñola: 18 millones de euros con Kibo Ventures e Inditex, que se sumó al proyecto como inversor y cliente estratégico. Hoy su caso representa algo más que el éxito de un emprendimiento, demos­trando que la automatización industrial no consiste en sustituir tareas, sino en construir máqui­nas capaces de adaptarse a la complejidad del mundo real.

La industria en una cáscara

Arancha Yáñez. CEO de Feltwood (Zaragoza)

Arancha Yáñez. CEO de Feltwood (Zaragoza)

En los océanos hay un kilo de plástico por cada tres kilos de peces. Para cambiar esta dura realidad, Arancha Yáñez creó Feltwood, una startup zaragozana que fabrica materiales industriales biodegradables a partir de residuos vegetales agrícolas, sin añadir adhesivos ni aglomerantes ni, por supuesto, plásticos. El proceso parte de restos de frutas y verduras no aptas para el consumo. A través de una tecnología propia y patentada, esos residuos se transforman primero en una materia prima intermedia y después en productos finales con propiedades comparables a la madera o al plástico rígido, pero completamente biodegradables. Es decir, si acaban en la naturaleza, se descomponen sin dejar rastro ni generar microplásticos.

El material tiene aplicaciones en múltiples sectores, desde la decoración hasta el sector del automóvil y también el de los embalajes desechables para reducir el plástico de un solo uso. Hoy son un equipo de ocho personas que demuestra que la innovación industrial a veces no requiere grandes estructuras, sino la capacidad de identificar un problema real y desarrollar una solución viable. «Las empresas industriales están girando hacia materiales más ecológicos, impulsadas por la preocupación ambiental, los cambios legislativos y la demanda de los clientes. Nosotros desarrollamos materiales seguros, eficientes y competitivos en precio, contribuyendo a acelerar esta transición», explica Yáñez.

La química que quiere cambiar los edificios

Pablo Rodríguez Outón. Fundador de Indresmat (L’Hospitalet de Llobregat, Barcelona)

Pablo Rodríguez Outón. Fundador de Indresmat (L’Hospitalet de Llobregat, Barcelona)

El sector de la construcción es responsable de casi un tercio de las emisiones globales de CO₂ y concentra más del 70% del consumo energético de los edificios en Europa. En 2017, cuando decidió fundar Indresmat, Pablo Rodríguez Outón tenía claras estas cifras y su propuesta para abordarlas. Así, desde L’Hospitalet, creó una startup química especializada en materiales de biopoliuretano para mejorar la eficiencia energética de los edificios. La intersección entre química y construcción no era entonces un entorno fácil, ya que el mercado de la construcción seguía siendo conservador y apenas priorizaba la sostenibilidad y la industria química carecía de cultura de emprendimiento. Rodríguez Outón dio sus primeros pasos en un programa de incubación en Países Bajos y, cuando llegó el momento de escalar, la financiación europea le permitió establecer una fábrica piloto en Barcelona y salir al mercado con ventanas y espumas de aislamiento capaces de lograr hasta un 75% de ahorro energético.

En 2025, su producto KLIMA-PUR obtuvo la certificación Passivhaus, el estándar más exigente de eficiencia constructiva en Europa, e Indresmat es hoy una de las startups con mayor éxito de financiación dentro del programa Horizon Europe. Su diagnóstico es directo: España y Europa hablan de reindustrialización, pero evitan un punto crítico: el escalado. Sin financiación pública que asuma ese riesgo, advierte, no habrá soberanía industrial real. «Si queremos una verdadera soberanía industrial, es necesario reorientar la financiación pública hacia esta fase, asumir el riesgo donde el capital privado no entra y fomentar alianzas industriales que permitan a los proyectos de emprendimiento crecer sin perder su independencia».

Una solución para el relevo en el campo

Thomas Hubregtsen y Francisco Infante. Fundadores de Voltrac (Valencia)

Thomas Hubregtsen y Francisco Infante. Fundadores de Voltrac (Valencia)

El sector agrario tiene un problema que no se resuelve con más maquinaria: la falta de personas que garanticen el relevo generacional. La escasez de mano de obra amenaza la continuidad de muchas explotaciones agrícolas, mientras el contexto geopolítico urge a crear sistemas capaces de operar en entornos complejos sin poner en riesgo vidas humanas. En ese cruce de caminos nace Voltrac, una empresa fundada en 2024 por Thomas Hubregtsen y Francisco Infante, profesionales con experiencia en ingeniería aeroespacial y el desarrollo de inteligencia artificial en empresas como Google X o BMW. Voltrac ha desarrollado un tractor eléctrico autónomo capaz de operar sin conductor, con una tecnología que permite además analizar el terreno y adaptarse en tiempo real para optimizar el uso de agua, fertilizantes y energía.

Más allá del ámbito agrícola, su diseño permite aplicaciones en entornos de alta exigencia, como el transporte de suministros en contextos críticos, sin exponer a personas a situaciones de riesgo. Esta doble capacidad responde avanza hacia el desarrollo de máquinas más simples, más eficientes y capaces de operar en condiciones cambiantes. Los fundadores de Voltrac creen que su sector tiene gran futuro en nuestro país. «España tiene una oportunidad de liderar la transformación industrial de vehículos sin conductor. Para logarlo, es clave acelerar la adopción tecnológica y apoyar a las empresas deep-tech que llevan la innovación al terreno real», explica su CEO, Thomas Hubregtsen. Por su parte, Francisco Infante, CTO, imagina nuevos avances de robótica y tecnología. «El próximo salto industrial vendrá de máquinas inteligentes capaces de operar sin conductor en entornos reales. Para hacerlo posible, necesitamos reducir la distancia entre innovación y aplicación con infraestructuras y marcos adecuados», apunta.